domingo, 20 de enero de 2008


Ella finalmente logró entender. Y en ese caer, no le quedó más remedio que soltar su mano. Porque quizás no era el momento. Porque quizás sólo se había tratado de un juego. Porque quizás, únicamente, había sido una ilusión.
No estaba enojada. No sentía rencor. Ya no lloraba. No se preguntaba cómo, dónde, cuándo...
Él había decidido alejarse, irse, caminar otros caminos. Él la había dejado, o tal vez, no la había elegido. Él estaba tranquilo así, quería eso.
Era el momento de seguir, y no precisamente juntos. Entonces, ella, guardo todos sus sueños en un baúl, y decidió irse.
Pero en esa ida, una noche volvió a encontrarse con todo lo vivido. Y todo se hizo imágenes, como si en ese instante él estuviera ahí, con ella. Y decidió volver a ver esa historia en su mente.
Entonces se permitió recordar. Y recordó ese primer encuentro. Volvió a ese primer beso. Pasó por esa primera vez. Vio esos dos cuerpos fundidos durante tantas noches. Escuchó nuevamente cada reproche. Sintió cada caricia. Lloró cada silencio. Se lastimó por tantos no se. Rió con cada palabra cómplice. Gritó por un nuevo no. Retornó a sus te quiero profundos...
Sin embargo, esfumo cada imagen de su mente. Se fue. Era su momento de caminar otros caminos. Segura o insegura, se fue.
Ella lo quería, igual o más que antes. Seguía queriendo cada centímetro de ese cuerpo. Adoraba cada gesto de su boca. Creía en esa mirada. Ansiaba un nuevo encuentro. Pero tenía demasiado miedo a un nuevo rechazo.
Y bajo ese mar de sensaciones, se paró sobre nuevas rutas. Y llegaron los espacios de la mutua comprensión, los espacios de a dos, los espacios del consenso. Cambió adrenalina por tranquilidad. Cambió riesgo por seguridad. Dejó la entrega por el cuidado. Se quedó inmutable. No tenía expectativas. Ya no creía. Pero sabía, que quizás, con el tiempo todo eso podía construirse.
No lo había olvidado, no lo iba a olvidar. Lo extrañaba, lo extraña. Piensa en el aunque ya nadie lo sabe. Porque no habla más, porque ahora todo pasa por adentro. Porque dejó de hacer lo que hacía. Cambió su forma.
Una nueva de historia de no correspondidos. Una nueva historia a destiempo, siempre él y ella, a destiempo. Pese a todo, sabe que dio todo. Que se acuesta tranquila de saber que quiso. De saber que hizo. De saber que lo intentó. En su mente, él también quiso, él también hizo, él también intentó. En su mente, en la de ella, él fue el protagonista perfecto.
Pero todo, siempre, todo se resumió y resume en su mente... Ella lo quiere, pero va por nuevas rutas. Él la quiere, pero va por otra ruta. La distancia es grande, pero no se terminarán de dejar. Tampoco volverán.

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