
Para qué seguir dando vueltas inútiles en la cama sin poder dormir, si puedo hacer algo más útil como escribir, y de ese modo explicarme que realmente me sucede...
¡Es lógico el insomnio Belén!, la decisión tomada hace más de 2 meses, pensada por de 3 mes, y oficializada hace poco más de 1 mes y medio, no fue nada fácil, y en la balanza se pusieron muchas cosas: facultad y su respectiva tesis, un trabajo que reditué a fin de mes y dejar de pedirle plata a papá, unas eternas vacaciones hasta marzo en casa y descansar de un año que implicó varios cambios y una rodilla menos...
Una decisión que no fue fácil porque no sólo se trató de lo externo o superficial, ese debate entre “querer” y “no querer”; sino también de lo interno, eso que implicó analizar concientemente estar preparado o no estarlo tanto profesional como humanamente, representó asumir miedos, constituyó entender de compromisos y responsabilidades grandes, significó volver a preguntarme que pretendía de mi paso por el Techo...
Pero un día te levantas y caes: cuando sentís las cosas, todo es mucho más fácil. Y si que lo fue, porque cuando empecé a sentir realmente el “sí” fue instantáneo. Cuando mire a mi alrededor y vi que había mucha gente que confiaba en mí, empecé a creer que yo también podía confiar en mí. Cuando entendí que no sólo era yo, sino un equipo, dejé de sentirme sola. Cuando volví a preguntarme una y otra vez sobre que pretendía dejar en la organización, me respondí una y otra vez que cosas grandes. Pero no grandes desde lo personal, la soberbia o el ego...
Aspiro y ambiciono cosas grandes desde aquella persona que un día conoció, creyó y cree en un proyecto que habla de jóvenes dispuestos a cambiarle la cara a un continente, que habla de una juventud que se hace cargo, que habla de líderes con mirada social. Pero por si eso fuese poco, conocí, creí y creo en un proyecto en el que soy parte de resultados concretos. Un proyecto que me choca con una realidad que me jode, me molesta, me incomoda, me enoja, pero a la vez me sensibiliza, me llena de emociones, me hace sentir feliz de trabajar junto con aquellos que no tuvieron mi misma suerte, esa, la de poder elegir.
Y dije “sí”. Dije “si” porque puedo dar más de lo que di hasta el momento, porque quiero dar mucho más. Porque el deporte puede esperar, pero erradicar la pobreza de Córdoba urge, y yo quiero y elijo convencida seguir siendo parte de los que trabajan arduamente por cumplir ese objetivo. Porque para descansar, uno lo debe hacer tranquilo, y nunca me sentiría tranquila al saber que pude haber dado un paso importante y no lo di. Porque papá aún no se queja, y tampoco se va a quejar porque fue justamente mi ejemplo al momento de elegir crecer como persona por sobre otras cosas. Porque estoy apoyada por un grupo con mayúsculas, al cual no me alcanzan los adjetivos para calificarlo: responsable, honesto, unido, comprometido y podría seguir... Porque comparto un día a día con gente que no considera sus metas utópicas, por el contrario, esta convencida que sobre la base del trabajo, el esfuerzo, la paciencia, todo es posible de alcanzar. Porque seis meses me sirvieron para confirmar y reconfirmar que me hace verdaderamente feliz formar parte de esta organización.
Lo serntí, lo sentí, lo sentí: soy la nueva coordinadora del Área de Comunicación de Un Techo para mi País, sede en Córdoba. Enero largó con todo, mil cosas por planificar, por resolver, por hacer... Confirmo y reconfirmo cada día que pasa y caigo de la decisión que tomé: FELIZ.
Ya está, me puedo ir a dormir tranquila...