14.45, presa de la puntualidad, llegó a la Municipalidad para entrevistarme con un alto funcionario por cuestiones "countries". En ventanilla, me encuentro con una empleada pública con pocas ganas de atenderme, obvio, que me dice que el señor al cual busco está terminando un informe y luego va a hablar conmigo. La señora, que al parecer a esa hora ya no tiene ganas de atender gente, tiene un cigarrillo encendido en su mano... "que mal comenzamos Belu", me digo. Decido ignorar a mi única acompañante en séptimo piso, al cual encuentro excesivamente sucio, y me dispongo a pelear con la empresa de mi télefono móvil por reiterados conflictos en mi línea a lo largo de la semana.
A los pocos minutos, sale una señorita muy amable que me invita a pasar a una sala de reuniones, donde mi entrevistado va a atenderme. Me ofrece agua, lo cual rechazo y se va. Saco mi grabador, mi cuestionario y me dispongo a mirar un par de mapas desparramados en la mesa. Córdoba está en esos papeles; lejos de preocuparme por encontrar barrios residenciales, trato de encontrar Bajo Pueyrredón, La Lonja o Campo de La Ribera. Aunque hago el esfuerzo, no termino de ubicarlos dentro de la ciudad.
La puerta se abre, y un señor muy amable se acerca para saludarme. Pregunta mi nombre, corre los mapas de lugar y toma asiento en frente en mío. Rápidamente le explico cuál es el por qué de mi visita, apreto play, y comienzo a evacuar mis dudas.
Me sorprende la forma en que se expresa. Pienso que es admirable que un ingeniero tenga semejante claridad al momento de explicar procesos un tanto complejos. Es una conversación entretenida, o al menos, pienso en la típica frase de que "todos los días se aprende algo nuevo".
Luego de 20 minutos de un ida y vuelta, mi papel marca que llegamos a la última pregunta. Le digo: ¿Cuál es la estrategia que va a utizar la Municipalidad durante 2008 para revertir la problemática de la evasión fiscal?. Espero por una respuesta que detalle las acciones a llevar a cabo durante el año. Sin embargo, me encuentro con la primera decepción de la media hora restante que me voy a quedar ahí adentro: "no tenemos nada planificado. Se podría llevar a cabo un programa educativo en el tema, pero lo hagamos o no, evasión va a haber siempre".
Estúpida, ingenua, crédula... todo eso me digo que soy. Podría haberle dicho muchas cosas, pero creo que mi mejor forma de desmotrarle mi indignación es apagar mi grabador e irme.
Con una sonrisa un tanto molesta, le digo que muchas gracias y que su última respuesta no fue la deseada. Él me mira, se rie, y comienza a explicarme de tiempos, presupuestos, y demás.
Tuve ganas de decirle shhhhh, pero me quedo escuchando. Y ahí comienza nuestra segunda parte de la conversación. La más interesante, la más indignante. Sin duda, la más decepcionante.
"Estudio Comunicación Social, estoy en 5to. año. Trabajo en Coterránea y además coordino el Área de Comunicación de la ong Un Techo para mi País", respondo a un interrogante bastante amplio como ¿a qué te dedicas?.
Y ya sin sorprenderme por su afirmación, le digo que si: "escribo para una revista de countries, y el resto de mi tiempo lo dedico a familias que viven en extrema pobreza. Un tanto paradójico".
Le cuento del Techo, aunque conoce bastante, lo cual me alegra mucho. Y entre frase y frase entre los dos escucho: "No hay plata para todo, lamentablemente el gobierno no puede atender las cuestiones sociales como le gustaría. Hay cuestiones que en el momento tienen prioridad. Además, tanto el Municipio como la Provincia están atados al humor y las ganas de la Nación de darle".
Nada que no sepa, ya se. Pero que duro que sonó en ese momento. Y siguió: "por eso está bueno que existan las ong, porque ustedes pueden solucionar las cosas más rápido. La gente necesita un techo hoy, tiene hambre hoy, tiene frío hoy, no puede esperar a que el gobierno lo solucione".
Termina de hablar y siento que me senté en frente de un mounstro y no una persona. No puedo escuchar como ese hombre, que tiene una función pública, con todo lo que eso implica, me habla de hambre, frío con tanta liviandad. Me dice que una ong es buena porque hace lo que ellos no hacen, y eso está bien. Últimamente no dejo de sentirme un extraterrestre que camina por la calle, creyendo que algún día esta mierda va a desaparecer de la tierra.
Sin ganas de escuchando estúpideces, le anuncié que me iba, que mi trabajo me esperaba. Se levantó, sacó su billetera y me dió una tarjeta: "toma, por si necesitas ayuda con algo, con gusto te voy a atender".
Tomé la tarjeta y abrí la puerta. Lo pensé mil veces, y giré. Con tono firme, y hasta quizás agresivo le dije: "es muy triste lo que me dijo Ingeniero, ojalá acá no todos piensen como usted. Gracias por la entrevista, y si necesito algo más, lo estaré molestando". Sin tiempo de respuesta, me fui.
Para quienes me conocen, saben que soy una persona que siente asco por muchas cosas. Les aviso: sumo una más a mi lista. Cada vez encuentro más motivos del por qué estoy donde estoy, y hago lo que hago.
(Hago la presentación oficial de los que algún día, y con verdaderas ganas y respeto, ocuparemos cargos públicos. Y si, me incluyo)
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