lunes, 21 de abril de 2008

El sábado me contaron una historia. Me dejó pensando. Quizás tuvo que ver la pasión que mis interlocutores le pusieron al relato. O quizás fue tanto sentmiento sin nombre, pero real. Reproduzco...
"Y empezó por un abrazo que fue pensado, pero producto de un impulso. Y siguió con una conversación de límites impuestos y desiciones firmes. Pero un llamado cambió los planes y fue la señal de "animarse" a transitar un camino con más dudas que certezas. Un beso le puso fin a tanta vuelta y frases del "deber ser y deber hacer. Y así, le siguió un llamado, otro, y otro. Se sucedieron las visitas, las confesiones, el compartir, el decir. Escapada al campo, sinónimo de doy un paso que es gigante sin racionalizar que hago (ella); sinónimo de te abro mi mundo y date cuenta que atrás de lo que ves a diario no es todo lo que soy (él). Dos cuerpos que se encuentran, se sienten cómodos, pero aún están presos de falta de reconocimiento. Más llamados, más visitas, más tiempo juntos. Sensaciones encontradas de dónde se pisa, dónde pisar y algo que decanta con velocidad. Y un lunes, distancia. El miércoles, conversación que se asemeja más a un ´te confieso que´, y todo vuelve al mismo lugar, ese, el de una normalidad que se traduce en un mundo que se construye sólo de a dos. Sábado, salida al exterior, abandono de cuatro paredes..."
En un momento de la noche, casi de la nada, él empezó a tararear una canción... ella sonrió, quienes la conocen, sabemos que le encanta. Y así, sin más que relatar, se miraron... "me prestaste un beso, me prestaste calma, me prestaste todo lo que me faltaba.."

(Seguramente, quién no lo haya escuchado, no lo podrá sentir)

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