sábado, 23 de agosto de 2008


Nos miro agarrados de la mano, y seguimos siendo los nenes que soñaban una vida juntos.
Es incríble, pero me abrazas de la misma manera, me miras igual, decís las mismas cosas, actúas tan similar.
Y yo dejo que me abraces, que me mires, que me digas, que me lleves. Y por momentos quiero imitarte; quiero mirarte como antes, decirte como antes, abrazarte de nuevo con ese sentimiento que hacía que mi amor fuese único.
Entonces no pienso en nada, y nos dejo ser. Vuelvo a ocupar por algunas horas el lugar que vos me hiciste dejar, y te dejo ocupar ese lugar del que un día deciste irte. La imagen es una foto de un par de años atrás: "Yo me levanto, vos quedaste un rato más. ¿Qué tenés ganas de comer?"
Llego a casa, y entiendo que es preferible seguir sin pensar. Un impulso me lleva a buscar esa caja donde guardo esas pequeñas cosas que fueron sucediendo desde que llegué a Córdoba, esa caja que atesora momentos, declaraciones... Y encuentro un cuaderno que tiene fecha del año 2000. Adentro está la foto nuestra que, de todas, es mi preferida.
Las 24 hojas hablan de cuanto te amaba. Pero también hablan de cuanto sufría en ese entonces. Y hay cartas también, cartas de lo que vino después.
Y entiendo el por qué no estamos juntos. Entiendo que no se puede volver.
"Me querés todavía, porque yo te quiero". Y si te quiero. Pero pasaron demasiadas cosas...

("viviendo en el ayer, aletargando el hoy... sobreviviendo")

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