martes, 1 de enero de 2008

Los días pasan.
El tiempo empieza a clarificar situaciones, ideas, sentimientos.
El silencio comienza a decir, habla.
Te volvés difuso.
Las decisiones se tornan egoístas.
Pienso en mi, elijo sólo por mi...
Entonces empiezo a sentir miedo.
Me asusto.
Entonces me siento bien.
Oscilo permanentemente entre conocerme y desconocerme.
Y te quiero.
Y te odio.
Y te extraño.
Y te desaparezco de mi vida.
Me olvido que existís.
Y te lo digo.
Y no lo impedís.
Entonces terminó. Y no, no fue la distancia.

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