jueves, 10 de enero de 2008


La verdad es que no tengo ganas de comportarme como alguien de 22 años.
No me dan ganas de pensar.
No me dan ganas de hacerme cargo de lo que estoy sintiendo o no estoy sientiendo.
No tengo ganas de averiguar por qué realmente me pasa lo que me pasa.
Es como si de un instante a otro mis pensamientos y sentimientos se bloquearon en el espacio de los grises, ahí en el límite entre el equilibrio y el desequilibrio; ahí en el límite entre el entenderme y el desentenderme de todo.
Es como estar parada frente a ese castillito de arena que costó armar y tener ganas de desarmarlo... pero al mismo instante de hacerlo, dudar.
Y alguien me dijo un día que dudar es quedarse al margen. Es pararse al costado y, desde ese costado, ver como todo pasa mientras uno no se inmuta, no participa. Es adoptar una actitud cobarde...
Sin embargo, me quedo al costado. No participo, no me inmuto, es cierto... sólo observo. Busco el momento para equilibrar, para saber, para sentir, para entender. Busco el momento para dejar mi cobardía en el cajón. Busco el mejor momento para elegir. Crezco.
("se que no es irreversible este proceso...")



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