Lo encontré y me gustó. Además, hoy no me sale escribir, pero necesito decir..
La influencia estaba empapada de dolor, recién salía de danza y se sentía cansada. El cuerpo sabía que el gozo se parecía al amor que ella conocía. Caminó hasta la esquina y se paró a esperar el momento. Tenía frío y el viento la volteaba de ambos lados, su larga cabellera despejada jugaba a subir y bajar por los hombros cubiertos. El cerebro, por su parte, seguía meditando acerca de lo necesario de esa satisfacción acechante.
La lluvia llegó al término de su largo anuncio, y perjudicó los sentidos débiles y frustrados por estar solos y lejos de ella. La influencia no quería ni ver, ni escuchar nada más que a su parte irracional.
Recordó que necesitaba de esos abrazos contundentes. Quizás si dialogaba se le resbalaran un poco más rápidamente las gotas de despojo que la invadían de a ratos.
Ella hablaba varias veces, pensaba sobre lo que vivía y lo comparaba con el pasado, pero a veces no podía entender por qué lo había hecho, si para lastimarse o para sentirse libre, si para condenarse a un secreto de por vida (no tan escondido) o para ser misteriosa. El tema era esa situación, cómo retornaba y cómo la hacía sentir insegura con respecto al otro, sentirse impotente. Hay cosas que uno realmente no puede arreglar y que tal vez decirlas le haga perder más de lo que perdió en aquel instante de desolación, uno se siente realmente impotente.
Y era tan ilusa creyendo que podía poner las manos en el fuego por ella misma, un fuego peregrino y abstracto que todos creen tener y que nadie, por supuesto, tiene. Las cosas abstractas nunca existieron, nosotros las hacemos aparecer por error psicológico. Ella no tiene amor, tiene ese abrazo que sintió, ese beso como una marca permanente en su cuerpo, y esas ganas de estar, sentirse viva, que muchas veces se le escaparon en medio de un melodrama. Entonces ¿por qué simplemente actuó y dejó de seguir su filosofía?
Cada vez que recordaba el aroma en su almohada, retornaba la sensación de sentirse completa, de reflejar una existencia pero excluyente del mundo, un diagrama frente al teléfono por todos esos ciclos de voces en el tubo. Entonces, nada le parecía más significativo que eso. Cómo la boca le tocaba delicadamente la panza y era tan genérico y a la vez dulce.
Se sentó sola, y empezó a descubrir los reflejos en los vidrios mojados. Percibió como algo en sus labios se empapaba. El gusto entró y encontró su lugar bajo los deseos de atrapar eternamente de la boca.
No tenía sentido seguir pensando en por qué lo había hecho, pero nada le podría hacer olvidar que la atracción de los cuerpos sedientos pudo más que la conciencia, y que esa sed fue exhaustiva, benévola.
Bajó, puso las monedas en el teléfono y le dijo la verdad. En estos meses, había sido el único.
Su panza se revolvió más y rió de felicidad, no interesaba más que ellos. El beso en la panza, la panza en el beso.
(tanto que mover cuando no va más...)
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